
La Creación de los Mundos
Antes de que existiera el tiempo, antes de que hubiera cielo, tierra o estrellas, solo existían dos seres: Xynarthia, la Diosa del Todo, origen y destino de toda realidad, conciencia infinita que contenía en sí misma cada posibilidad del ser, y Vhozkal Nem, el Dios de la Nada, el final de todas las cosas y el ser supremo de la no-existencia. De su esencia primordial nacieron muchos dioses, aunque tras una terrible batalla contra su némesis, Xynarthia ganó la contienda y nombró a los supervivientes como los Doce Dioses Primordiales, entidades antiguas y poderosas, cada una encarnación de un principio fundamental del cosmos.
A los Doce les fue concedido el don de la creación. Así forjaron los mundos: esferas de existencia separadas y, al mismo tiempo, unidas por la voluntad de quienes las habían engendrado. Cada dios modeló realidades conforme a su naturaleza: algunos mundos ardían con la furia del fuego eterno; otros nacieron del silencio de las profundidades, del soplo del viento o de la paciencia de la piedra. En algunos floreció la vida mortal; en otros habitaron criaturas antiguas, espíritus y fuerzas más viejas que la memoria.
Durante eras incontables, los Doce velaron por sus dominios, manteniendo el equilibrio entre las esferas del cosmos. Pero la creación nunca permanece inmóvil. Los mundos crecieron, cambiaron y se llenaron de pueblos como las Doce Grandes Razas, dioses menores, leyendas y guerras. Con el paso de los milenios, incluso las obras de los Primordiales comenzaron a entrelazarse de formas que ninguno de ellos había previsto. Y cuando ese tejido se estremece, cuando el equilibrio antiguo comienza a resquebrajarse, los destinos de todos los mundos vuelven a entrelazarse bajo la mirada silenciosa de quienes los crearon.
Visitas: 2